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2013 Marzo
2013 Marzo
Reproducimos el excelente articulo recibido (y leído en la prensa) sobre el Ñandutí, de nuestro admirado Ovidio Ottaviano.
 


Estimados: En mi caracter de productor y comunicador artístico-cultural paraguayo, radicado en la Argntina, para quien le interese y con la sola intención de contribuir a esclarecer aspectos que tienen que ver con los orígenes culturales del Paraguay,  les hago llegar las siguientes consideraciones acerca del artículo mencionado en el asunto, el que está reproducido a continuación de mis consideraciones:

Sin duda alguna es importante que un diario de gran circulación como "Clarín" se ocupe de difundir esta tradición artesanal, símbolo del Paraguay, que es el ñandutï.  Lástima que cuando enuncian en dos oportunidades el significado de la palabra "ñandutï ", lo hacen erróneamente, ya que lo definen como "telar blanco" y también como "araña blanca". 
Yo no sé si el error es del diario o de nuestra compatriota entrevistada, lo cierto es que las acepciones de la palabra"ñandutï " son, según el diccionario del Padre Antonio Guasch y Diego Ortíz (uno de los más completos e importantes del idioma): "Telaraña;  especie de encaje precioso y costoso, especialmente fabricado en Itauguá".
 
Asimismo, es erróneo decir que este tejido es de origen guaranítico, ya que es una artesanía transculturada que viene con la conquista y que se perfecciona en el Paraguay con la intervención de los nativos, razón por la cual, en todo caso, se podría
afirmar que es una artesanía paraguaya (algo similar a lo que ocurre con el arpa paraguaya). Para mayor ilustración, transcribo seguidamente lo expresado por Mauricio Cardozo Ocampo en el Tomo III - Pag. 39  de su obra: "Mundo Folklórico Paraguayo":
 
"Como rama importante de la artesanía  citaremos el "Ñandutï ", la más delicada y sutil urdimbre entre los tejidos del Paraguay. Su nombre significa: "tela de araña".
"Es una artesanía eminentemente femenina, de antigua data, que fue transculturada con la presencia de los españoles en América y aquí en nuestra Patria, con el aporte del ingenio de las milagrosas manos de las mujeres paraguayas, quienes se inspiraron especialmente en la fauna y en la flora de la tierra, se creó esta filigrana de sueño, habiendo más de 60 dechados con sus nombres autóctonos, es decir en idioma guaraní...".
Un cordial saludo.


Y reproducimos el artículo aparecido en Clarin  el 24/2/13 (sigue...)
 


Cielo de ñandutíes
Por Laura Ramos

Foto: Vestido. Dina Mereles y su atuendo de Ñandutí. /Gentileza de GabrIela Schevach


Cuadernos privados
24/02/13
Dina Mereles, profesora de ñandutí nacida en Paraguay, aprendió el oficio en su casa familiar de Encarnación, en la zona de Itapuá. Allí todos los niños aprendían los oficios tradicionales de mano de sus padres y abuelos; ella y sus cuatro hermanos, huérfanos de madre, los aprendieron de su “abuelito”, como llamaban al bisabuelo. Además de ñandutí, aprendieron a hornear cántaros, a cosechar trigo y arroz, a tostar las hojas de yerba, a sacar el mosto de la caña de azúcar para hacer miel.
El ñandutí está enloquecedoramente de moda, y en estos días Dina, que no deja de tomar sus mates ni de intercalar palabras guaraníes en su perfecto español, acaba de regresar de Porto Alegre, y antes de una universidad de Frankfurt, donde dio cursos sobre el complejo tejido a mano paraguayo. Además teje para diseñadores argentinos e internacionales y da clases. El ñandutí, una tradición indígena que en guaraní quiere decir telar blanco, se parece a un encaje y sirve para adornar “mantel, cortinado, manta, sábana, mantilla, chal, vestido, traje, camisa de hombre”.
En las clases de ñandutí que da en el Centro Social y Cultural Paraguayo Silvio Morínigo de La Matanza se mezclan el guaraní y el castellano. En su pueblo de Itapúa, que significa “piedra que suena” en alusión al río que golpea sobre las piedras, la población siguió hablando el guaraní a pesar de las prohibiciones gubernamentales. “Nosotros no aprendimos el guaraní en la escuela porque estaba prohibido, pero el idioma se conservó intacto. Como forma de resistencia, los caciques le decían a los padres franciscanos que no iban a aprender el castellano, y lograron conservarlo.” Su bisabuelo aborigen luchó en la Guerra de la Triple Alianza a los doce años, junto a su madre y a sus dos hermanos mayores, de catorce y dieciséis. Sólo él y su madre regresaron con vida. “Abuelito”, así le decían, vivió hasta los 112 años para contar la masacre. “Quemaron a 3.000 chicos vivos y el hospital de los enfermos, clavaban lanzas a mujeres embarazadas. Y todo porque Paraguay rechazaba el imperialismo” escuchaba Dina mientras tejía flores, peces y mariposas en su telar.
Aunque las tradiciones milenarias de la cultura guaraní quedaron en manos de la mujer, porque habían muerto casi todos los hombres, en la familia de Dina fue el bisabuelo quien enseñó el ñandutí a los niños. Dina empezó a tejer sus primeras piezas a los siete años, eran unas repisas para santos que regalaba muy orgullosa a sus familiares. A los nueve ya vendía sus creaciones, y a los catorce tejió un vestido en hilo de oro destinado, le dijeron, a una de las princesas de Mónaco.
En Buenos Aires enseñó el oficio a Antolín Vera, su marido, que también es paraguayo y ahora da clases junto a ella. “El bastidor tiene que estar preparado para mí en cuantito yo me levanto a las 5 de la mañana, cuando tomo mi buen mate y, ahora que hace calor, empiezo a tejer. Después, cuando llega la hora de ir a enseñar, dejo en un costadito mi bastidor y voy. Cuando vuelvo, descanso un rato y empiezo a tejer.” Hace treinta años que enseña el ñandutí con una aguja de dieciocho centímetros. “El año pasado, en Guaraní Porã –otro lugar donde imparte esta técnica– tuve tres alumnas paraguayas, varias argentinas y una japonesa, La Kumiko.” También participaba un joven psiquiatra, el único varón: el “niño mimado”.
El ñandutí sólo puede tejerse a mano, porque “no hay máquina para hacerlo, se desarmaría todo”. El significado literal, “araña blanca”, supone que la persona se transforma en una araña para realizarlo. A Dina le gusta tejer la flor del mburucuyá, como se llama a la pasionaria violeta o rosada, o a la flor de guayaba, a la flor de lapacho, a la flor de pitanga o a la planta de tuna. “Lo que ve la artesana, lo hace en su bastidor: cuando está triste, le salen lágrimas; cuando cae la lluvia, teje gotas.” “Un cielo de Ñandutíes/ blancos jazmines, luna y azahar/ un lucero que sonríe, viene asomando la claridad/ colores que van naciendo verde la selva, rojo el clavel/ pintando de azul tus cerros, naranja el monte, rubia la miel/ Quiero el color que tiñen tus arboledas, jazmines y enredaderas y una muchacha morena/ quiero el color de tus lapachos floridos, el cauce azul de tus ríos, mi Paraguay”.

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