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2013 Enero-Febrero
2013 Enero-Febrero
Las utilizaciones industriales de las artesanias criollas, es una aplicación práctica del folklore que debe explorarse. Para ello reproducimos un artículo de El cronista Comercial, en el cual, y mas alla del obvio efecto promocional, corresponde interesarse por las posibilidades que emprendimientos individuales y comerciales, tienen para el mantenimiento de tradiciones utiles… Para pensar….
 
CrÓnica de un emprendimiento
Artesanos y exportadores de la cultura criolla

27-09-12 00:00 El emprendimiento familiar de Tandil vende sus productos, en forma mayorista, en todas las provincias y en 10 países del mundo. Hoy, tiene una facturación de $ 2 millones, una red de 250 artesanos y el proyecto de lanzar una línea de indumentaria propia.
Cuando la crisis de 2001 se abatió sobre su emprendimiento vinculado al sector automotor, el tandilense Miguel Ángel Stoessel comenzó a fabricar bornes para batería y salió a las rutas como viajante de artículos de ferretería. Con la compañía esporádica de su hijo Fernando, quien estaba en la mitad de sus estudios secundarios, comenzó a notar una pregunta recurrente de los clientes de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, La Pampa, Córdoba y Río Negro: “Ustedes, que son de Tandil, no tienen cuchillos?”. Así empezó la historia de un emprendimiento familiar que hoy exporta artesanías criollas a más de 10 países y factura $ 2 millones.
“Un día llevamos un cuchillo, después otras artesanías, y la demanda fue creciendo”, repasa Fernando Stoessel. Las primeras trabas con las que se toparon pasaban por los proveedores, ya que eran artesanos de elite, con costos altos, que les limitaban el círculo comercial. “Como estábamos muy fuera de precio empezamos a armar la cadena y a producir algunas cosas. Dejamos de fabricar para otro rubro, registramos la marca y nos enfocamos en este segmento”, cuenta el joven que hoy tiene 27 años. En 2004, entonces, irrumpieron en el segmento de cuchillos artesanales, como un nuevo jugador en un rubro donde había fábricas de 50 años.
Para lograr una continuidad en el negocio, armaron una cadena de 250 artesanos distribuidos en todo el país. “Logramos conseguir el mismo producto artesanal realizado por distintos artesanos. Ese es el corazón del negocio”, dice. En los talleres propios, fabrican buena parte de los productos, que pasan por distintas etapas en el proceso: pulido, trenzado y armado. Tienen una línea económica, otra intermedia y una tercera exclusiva, que incluyen artículos de cuero y de soguería, mates, cintos, pulseras, accesorios, sombreros, calzado, billeteras y carteras.

La vidriera
La experiencia del padre y las ganas del hijo dieron forma a la idea de ser un distribuidor mayorista en contacto con las talabarterías de todo el país a través de un catálogo. El objetivo inicial fue sacar al rubro de las tradicionales ferias y jineteadas para llevarlo a un segmento más amplio y exclusivo. Por eso, la tenacidad de Fernando los llevó a abrir un stand, por primera vez en 2009, en La Rural de Palermo. “La aspiración máxima del rubro es exponer ahí, pero, al mismo tiempo, es casi imposible económicamente, ya que la inversión ronda los $ 50.000 y los resultados se ven a lo largo del tiempo”, cuenta Stoessel. En efecto, esa vidriera los ayudó a posicionar la marca, reforzar su imagen (también ante la competencia) y hacer contacto cara a cara con clientes de todo el país. Este año, volvieron, por tercera vez, a la expo.
La tecnología les permitió innovar con un catálogo virtual, que les permite tomar pedidos online para vender, luego, de forma mayorista a 2.000 comercios en toda la Argentina. También incursionaron en el terreno de los regalos empresariales y tienen clientes como Ford, Chandon, Roemmers y Poxipol.

Innovar y buscar mercados
Las primeras ventas al exterior se realizaron en 2007, ante un pedido de un cliente en Italia. Hoy, exportan además a los Estados Unidos, Francia, República Checa y España, y cuentan, entre sus logros más destacados, que venden sus cuchillos en Solingen, la ciudad alemana donde se fabrica el 90% de los cuchillos y navajas de ese país.
Pero, también, están creciendo en el continente con ventas a Brasil, Bolivia, Paraguay y Chile. “La afinidad cultural hace más fáciles los negocios. El objetivo es crecer regionalmente, seguir posicionando la marca y lanzar una línea de indumentaria, ya que los clientes comienzan a pedirlo”, cuenta el emprendedor.
Fernando es el gerente General y el mayor de los cuatro hermanos, pero todos participan en la empresa (Martín, en Administración; Micaela, Ventas y Daiana, de 18 años, quien se está iniciando en la compañía), además de los padres Susana y Miguel Ángel.
D.V.
Perfil
u Año de fundación: 2004
u Inversión inicial: $ 125.000
u Equipo: 11 personas
u Puntos de venta:
2.000 en todo el país
u Facturación:
$ 2 millones
u Exportaciones: a 10 países, el 10% de la facturación


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