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El folklore del vino
El vino presenta diversas facetas, todas interesantes, aunque algunas más fértiles que otras. Algunas variaciones de sentido que ha tenido “la bebida de los pueblos fuertes”, como la llamaba una propaganda institucional de los bodegueros, buscando asignarle positividad, son interesantes.
 
El folklore del Vino

(por Carlos Molinero)

Para el siglo XX (nos resistimos aún a llamarle “el siglo pasado”) la imagen inicial era claramente negativa, asociándose por caso al cantor folklórico con un borracho juerguista. El entonces gobernador de San Luis, Dr Alberto Rodriguez Sáa contó en una reunión de la Academia, que cuando él escuchaba sus primeros cantos tonaderos cuyanos, su madre lo regañaba ácidamente, por escuchar esa “música de borrachos”. Carlos Di Fulvio cuenta algo parecido (“si lo veían a uno con una guitarra, cruzaban la calle, debía ser un juerguista”).

El vino presenta diversas facetas, todas interesantes, aunque algunas más fértiles que otras. Algunas variaciones de sentido que ha tenido “la bebida de los pueblos fuertes”, como la llamaba una propaganda institucional de los bodegueros, buscando asignarle positividad, son interesantes. Para el siglo XX (nos resistimos aún a llamarle “el siglo pasado”) la imagen inicial era claramente negativa, asociándose por caso al cantor folklórico con un borracho juerguista. El entonces gobernador de San Luis, Dr Alberto Rodriguez Sáa contó en una reunión de la Academia, que cuando él escuchaba sus primeros cantos tonaderos cuyanos, su madre lo regañaba ácidamente, por escuchar esa “música de borrachos”. Carlos Di Fulvio cuenta algo parecido (“si lo veían a uno con una guitarra, cruzaban la calle, debía ser un juerguista”).
Asociar el vino y la música folklórica tiene una larga tradición entonces.  Cuando pasó el tiempo se le asignaron incluso algunas folklóricas positividades casi por diferenciación, resultando una especie de “mal menor”. Hemos escuchado en el festival de Cosquín, ponderar una vez que el folklore era “sano”,  y cuando mucho estaba acompañado con “algún traguito de más”. Esto era, para el cantor que lo proclamaba,  un resguardo para la juventud hoy amenazada, y valor diferencial con “otras músicas” que se acompañan “con malas cosas, más fuertes”.
            ¿Es esa imagen entonces positiva la valida,  o lo es la negativa?
No venimos a dar respuesta, sino a recorrer algunos ejemplos:
            El vino fue lucha de sentidos, aún en las coplas populares del folklore y con diversas formas. Veamos por ejemplo las recogidas por Juan Alfonso Carrizo en sus Cantares Tradicionales del Tucumán (III edición, UNT, Tucumán 1974:151/208)
Si el pobre ha tomao la copa
dicen: pobre borrachón
Si el rico anda por el suelo:
¡Qué alegre anda el señor!
Y aún específicamente en  las coplas parranderas se las usa para decir
Capitán, aguardiente
Teniente, el frasco
Alférez, la botella
Sargento, un vaso

Mi nombre se llama “vino”
Mi apellido, “tomaré”
Y mis hermanos se llaman
“Disculpe”, “lo obligaré”

Vino, que del cielo vino
Vino con tanto favor
Que aunque uno no sepa leer
Lo vuelve predicador

Resultan interesantes estas coplas: La primera desnuda hipócritas actitudes sociales, así como la segunda muestra similar situación, cosificando las diferencias jerárquicas y sus efectivas consecuencias en la distribución de bienes. La tercera, a través de  la parranda compartida, promueve la socialización (aunque más no sea del vino fiestero); mientras que la última destapa, en cuasi religiosidad, tanto sus características liberadoras  del alma (del cielo vino) como la posibilidad que ofrece de despertar conocimientos e inteligencias (lo vuelve predicador), normalmente “tapados” por la situación social de inferioridad (aunque no sepa leer). No exhaustivos, en estos ejemplos se encuentran, a poco de analizarlos, más de lo que a primera vista parecen decir. Como sucede siempre con la sabiduría popular, y más con la acumulada anónima y secularmente. Traslucen (también en los sentidos dados al vino popular) como se ve a sí mismo el pueblo (o al menos aquel que usa estas coplas que le vienen de antes, pero que le son funcionales).  A consecuencia de ello no resulta extraño que luego  los artistas también  registraran en sus creaciones, diversas tonalidades: el vino es así filosófico o metafísico, liberador o rebelde, satírico o simplemente… vino
No es de asombrar entonces versos como los de don Horacio Guarany (¡con tantos temas dedicados a la libación más famosa!: Bebe Vino, Volver en Vino, Padre del Carnaval, etc) cuando lo hace filosófico, al tomar del poeta Omar Kayan esta frase proclama
Bebe vino!, largo tiempo dormirás
bajo la tierra, sin mujer y sin amigos….
O metafísico, cuando en su propia inspiración muestra su reencarnación en uva compartida:

 

               (…) que en vino habré de volver!

               Y cuando lloren las viñas

               para que rían los hombres,

               he de volver en las copas

               y habré de mojar las bocas

               de mis viejos compañeros, (…)

               La vida es un vino amargo,

               ¡dulce en  jarra compartida!:

               que los que nadan pa' adentro

               …se ahogan solitos en vida.

Otras voces le dieron, en cambio  una tonalidad de rebelión contenida o liberable, como Jaime Dávalos, en su conocido poema Temor del Sábado

El patrón tiene miedo que se machen
Con vino los mineros
Él sabe que les entra como un chorro
De gritos en el cuerpo
Que enroscado en las cuevas de la Sangre
Les hallara el silencio
El oscuro silencio de la piedra
Que come sombra, socavón adentro

O Antonio Nella Castro , a su modo, en la “Zamba del Chaguanco”. El vino, en cualquiera de estas vertientes, aunque resulta ser de todos los niveles sociales, sobre todo se lo muestra como el de  abajo. Así muestra (así puede mostrar) la diferencia social. A veces también en forma satírica

Cada vez que me curo, me llevan preso

argentinas son las viñas, será por eso

En la comisaría pago la multa

será porque el comisario tal vez no chupa

 

Tomemos un trago de vino,

que enseguida viene otro litro

de ese que toman los curas, comisario y gobernador

si ellos no pagan multas, tampoco las pago yo

 

Los que elaboran vino, son productores

y los que lo chupamos, admiradores

Cuando sea comisario, haré que multen

a los que le echen agua y no al que chupe

Los  creadores del tango, dijeron lo suyo, en el mismo sentido. Jose Razzano escribió

El whisky es pa’ los ingleses
y el chateau  para el "dotor"
pa’ las chicas el licor
y la grapa pal’ borracho
vos prendétele al vinacho
cuanto más tinto mejor…!

Dicen que el fernet es muy bueno
pal’ que siente algún dolor,
la cerveza pal’ calor,
leche fresca pal’ muchacho,
vos prendétele al vinacho
cuanto más tinto mejor…!

Y como último de estos breves ejemplos Hamlet Lima Quintana lo expresa extraordinariamente en su Milonga del Vino:

 

Soy como el vino del hombre
que va inventando los sueños,
vivo de tanto insistir
mi nombre no tiene dueño,
lo doy a un pájaro muerto
para que vuelva a vivir.

Al corazón de las uvas
cuando muera me he de ir
y a mi nombre con el vino
el viento lo ha de escribir.

En síntesis, no es esencial para el folklorista si es malbec o bonarda, si es de Mendoza,  La Rioja, San Juan o Cafayate la hermosa… el vino es parte de su vida, la libera y desnuda, satisface y hace renacer… con lo que propongo entonces, ya fundamentadamente estudiado el tema que deje de leer, y disfrute de un buen trago, con sus amigos del alma: ¡está haciendo folklore…!


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